

Á. de la C. firma la crónica que A Quemarropa, órgano oficial de la Semana Negra, dedicó el pasado 17 de julio a la presentación gijonesa de Las tres balas…, que corrió a cargo del gran Miguel Barrero. En ella se incluye la ya célebre (y es posible que no estrictamente fiel a lo que dije en vivo y en directo) cita “el formo condiciona la forma”… A vueltas con la SN, añadir que le he dedicado un editorial en el Qué Leer de septiembre, pero que aún debo regurgitar algunas ideas y sensaciones en este blog, que ha estado algunos días parado por un problema técnico pero que, esperemos, vuelve desde ya mismo a la carga.
En lo que a la Semana Negra de Gijón se refiere, mucho es lo que he oído y nada lo que he experimentado en primera persona. Mi puesta de largo en el gran evento asturiano-criminal debería iniciarse esta misma tarde y, lo confieso, vengo siendo presa de una curiosidad general y una ansiedad personal cuya confluencia se ha traducido en una noche de sueño agitado (el calor no ayudó) y, ya en el trabajo, en espasmos nerviosos de las extremidades inferiores cada vez que se oía un portazo o alguien mencionaba la palabra “sidra” (circunstancia harto habitual en las redacciones periodísticas donde, como bien narró el gran Rafael Reig, las bebidas alcohólicas se archivan por la ‘I’ de “ineludible”).
Neurosis privadas al margen, sirvan estas líneas para agradecer desde ya a los organizadores su invitación (la primera de estas características que recibo estrictamente como autor) y a Miguel Barrero tanto su padrinazgo como su desempeño como presentador en el acto que mañana, en algún momento entre las 20:30 y las 21:30, tendrá como protagonista a Las tres balas de Boris Bardin. Y, la semana que viene, Vueling y hados mediante, por fin mi propio relato de la experiencia…
Como amante del libro-objeto (y, por tanto, de momento, lector incapaz de imaginar un mundo donde el directorio del iPad haga las veces de biblioteca personal), encuentro no poco placer al recibir los retratos que amigos y lectores han tenido a bien hacerse en compañía de su ejemplar de Las tres balas de Boris Bardin. Muchos de ellos los he publicado ya en mi blog personal pero, siendo éste otro el nuevo destinatario de todos los asuntos relacionados con la novela, me gustaría también compartirlos aquí (y, de paso, declararme abierto a colgar todos los que reciba en la dirección milojk@gmail.com). El primero, con Elvira Navarro como protagonista, lo tienen cinco entradas por debajo. Y le sigue este collage…
Las tres balas de Boris Bardin es una novela sobre la venganza. También sobre la perversión de la justicia, desde luego. Pero nos interesa más lo primero que lo segundo a la hora de comentar la posibilidad de que España se proclame mañana campeona del mundo de fútbol. Teniendo en cuenta el juego desplegado por la selección tendría un componente artístico, de dulce belleza plástica, sí, pero sería venganza al fin y al cabo. Venganza respecto todas las frustraciones que se han ido agolpando a nuestras balompédicas espaldas, renovadas puntualmente cada cuatro años, simplificadas a través de nombres cuya sola mención nos hiela la sangre por más que el termómetro supere ampliamente los treinta grados. ¡Qué difícil ser jugador de la Roja en unos cuartos de final y no sentir miedo a convertirse en el próximo Cardeñosa, Eloy, Salinas, Joaquín! ¡Cómo no temer que el cielo se te venga encima de repente en forma de codo de Tassotti, de silbato de Al Ghandour!
Mañana quizá podamos pasar página a todos esos recuerdos. Si no lo hacemos, que nos quiten lo bailao, porque las satisfacciones hasta llegar aquí, salvando el tropezón suizo, han sido notables. Y, de un modo u otro, servidor quiere reclamar modesta pero orgullosamente su parte de responsabilidad en el éxito reciente de la selección. Sirva pues la imagen que recibí hace escasos días y que reproduzco al pie de estas líneas como prueba del mismo (tiene que ser real, ¿no? un fotomontaje que se preciara jamás aparentaría tamaña falsedad…).